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15 marzo 2024

Un polvo desafortunado o porno loco

 Barbadealã cu buclucsao porno balamuc (Radu Jude, 2021)

 


Una pareja está haciendo un vídeo porno mientras sus familiares les van pidiendo cosas a gritos y ellos intentan que no los molesten. Nadie sabe cómo (posiblemente por error de él, es lo que se plantea), el vídeo hecho para consumo propio, termina en internet y siendo difundido por los alumnos del colegio de élite donde ella es una, hasta ahora intachable, profesora de historia, lo que la enfrentará a una queja formal de algunos padres, que exigirán su cabeza (algunos casi literalmente), cosa que la directora del centro dice querer frenar pidiéndole que les de explicaciones a los mismos, en una especie de solicitud de disculpas donde a esos ricos padres no se les pone ningún límite, y se permite una y otra vez que sigan vejando, insultando y agrediendo la intimidad de la profesora, que intentará aguantar todo por mantener un puesto de trabajo al que se aferra como única posibilidad, en un país que se jacta de haber avanzado muchísimo económicamente. Todo ello con el COVID y las mascarillas por medio.

Discutido Oso de Oro del Festival de Berlín, Radu Jude utiliza esta historia para explorar, y explicar, el estado de la situación de su país, Rumanía, al que presenta como un país permanentemente en crisis (ahora la del COVID), aún en construcción, que huye de su pasado comunista como de la peste (por más que ese pasado quede demasiado lejos para poder seguir responsabilizándolo de todos los males que azotan al país), cayendo en la religión, la superstición y el individualismo, un país envuelto en la miseria, con una clase rica que se cree poseedora del derecho a decidir el destino del resto, un país con un racismo establecido, un odio antisemita y antiromaní a los que achacan, de forma mágica, toda la responsabilidad de la miseria que ellos mismos generan, un país donde la dignidad vale menos que las habladurías, si no tienes suficiente dinero para llevar a tus hijos a colegios de pago.

¿Hacía falta para todo ello lo que arma Jude? Probablemente no. La película se articula, como si fuera una obra de teatro, en un preludio y tres actos. El preludio es el vídeo pornográfico, que podrían haberse ahorrado. 

El primer acto trata del descubrimiento del hecho, y de la angustia de la protagonista, que recorre una ciudad en obras, donde la vida parece difícil, los peatones tienen que bajar de las aceras, los conductores aparcan en los pasos de peatones y te agreden si les llamas la atención, donde nadie se preocupa por nadie y donde vemos que hasta la directora de un colegio de pago malvive hacinada en un piso. 

En un segundo acto, que corta la trama, se da paso a una presentación de conceptos importantes para poder entender la cuestión rumana y la cuestión fílmica que nos atañe, y que, en realidad, sólo sirve de intermedio hasta el tercer acto, la presentación de explicaciones que se nos ha informado que la profesora iba a dar, frente a un público, el de los padres que, como pagan, se creen con el poder para disponer de la vida de la profesora, creencia que ven reafirmada cuando, con la inoperatividad de la directora, convierten la supuesta solicitud de excusas en un consejo de guerra, en cuya discusión surgen todas las dificultades que ya habían aparecido antes, y todos los temas de los que trata el film.

Creo que me estoy repitiendo tanto como Jude. Si al Jurado de la Berlinale no le importó, estoy seguro de que ustedes me lo sabrán perdonar. 

En realidad, si bien es cierto que en el último acto y sus finales alternativos está recogido todo el planteamiento, no podemos negar que la estructura es curiosa y lo cómico, porque todo esto se narra en forma de comedia, ayudan a que no se repita. Quizá porque el final es potentísimo, y el mensaje es desolador.

¿Un mediometraje alargado? Podría ser. Pero no por ello merece menos mérito.

16 febrero 2024

María Antonieta

Marie Antoinette (Sofia Coppola, 2006)

 


No hay nada como haberte convertido en la directora de moda entre, precisamente, la crítica moderna para conseguir realizar tus sueños. Eso le pasó a Coppola, en  la que se unieron nepotismo, aclamación crítica, aprovechamiento inteligente de todos los recursos de moda en el cine indie, una película previa, Lost in Traslation, que acaparó premios de todo tipo, y, por qué no reconocerlo, un poquito de talento. 

Con todos esos elementos, Coppola tuvo la tormenta perfecta para conseguir hacer una película carísima por la que, sobre el papel, nadie hubiera necesariamente apostado. No por el personaje en sí, perfecto para un biopic romantizándolo, sino por la visión de la directora, alejada en muchos aspectos del mainstream, con lo que eso significa para los inversores.

Pero como estamos de moda, el experimento no salió mal del todo. La publicidad extra de muchos señoros indignadísimos, como si estuvieran en 2023 y hubieran estrenado Barbie, porque la representación de Coppola no concordaba con la visión mítica de María Antonieta como una manipuladora psicópata, supongo que también le vino bien. Y es que, en realidad, esa era su mayor baza.

Coppola no nos cuenta, en sí, la historia de la última Reina de Francia previa a la Revolución, ni su caída con ésta, aunque está presente. Coppola nos cuenta la historia de una presunta privilegiada a la que van arrebatándole todo, empezando por su perro, para conseguir mantener su privilegio y, sobre todo, el del resto de su familia. Una presunta privilegiada que, desde su poder económico, va a estar toda su vida intentando llenar unos huecos que jamás terminarán de completar la falta, más que momentáneamente, y que finalmente parece conseguir un modo que le provoca cierta paz, que le será arrebatada cuando se tenga que enfrentar a las consecuencias de su privilegio.

Todo ello desde la conciencia de imperfección. Coppola huye de la justificación, de la romantización pura, y no esconde los demonios y los aspectos más controvertidos del personaje, al fin y al cabo estaba realmente rodeada de pasteles que nadie se comía mientras la gente pasaba hambre, sólo que prefiere mostrar más que juzgar, y consigue así que entendamos, por más que no terminemos de compartir, su sufrimiento.

Ni sé, ni en realidad me interesa, lo ajustado a la historia que esté lo que me cuenta Coppola. Como historia resulta mucho más real, coherente e interesante que la tradición histórica que la demonizaba. Y además lo rueda con la elegancia que ya le conocemos, sin ningún aspaviento, sin una emoción más alta que otra, con sus juegos de luces y sombras, con su tono pausado, con sus escenas de aparente relleno pero que en realidad siempre aportan algo, y con ciertas transgresiones en forma de planificación caprichosa que, en su conjunto, funciona estupendamente. 

Pero si algo hay que sobresale es Kirsten Dunst, actriz espectacular ya desde pequeña (su Claudia de Interview with the vampire es historia del cine, sostengo), sobre la que levanta toda la película, y que vuelve a demostrar que, por más que tenga ayuda (qué bien está Jason Schwartzman, por poner un ejemplo), sigue siendo de las mejores de su generación, y que, por más que no termine de ser reconocida por sus iguales, siempre tendrá el cariño de toda esta gente. Y nuestro respeto como lo enormísima actriz que es. Eso también.

28 enero 2024

El Hoyo

 El Hoyo (Galder Gaztelu-Urrutia, 2019)

 


Un hombre despierta en una cama. Está dentro de una amplia habitación, en la que no vemos ninguna puerta. Justo enfrente, en otra cama, está otro hombre, su compañero, en su propia cama. Y en medio de la habitación, entre ellos, un hoyo rectangular por donde, según ellos mismos nos cuentan, irá bajando la comida que dejen los que viven más arriba.

Poco a poco, a medida que su compañero, más veterano, le hace partícipe a él, vamos entendiendo que hay una serie de personas que, por fuerza o por decisión propia, han decidido "colaborar" en una especie de experimento en el que se prepararán los más selectos manjares, se colocarán en una mesa, y esa bajará planta por planta, dando tiempo a comer a los ocupantes de las plantas, teniendo estos que dejar comida para que puedan tener algún sustento los de las plantas inferiores.

Su compañero informa de que el orden de plantas va cambiando mensualmente, que no se sabe el número de plantas que hay, pero que la comida no llega al fondo y que, como era de esperar, al final la humanidad brilla por su ausencia y cada uno termina teniendo que luchar por su propia supervivencia. Con todas las inmorales y/o delictivas armas que hagan falta.

Y de eso que nos informan al principio es de lo que trata El Hoyo, una película angustiosa acerca de la psicopatía del privilegio, y de cómo este juega con lo más inhumano para demostrar lo que ya se sabe, por puro placer y sin tener la más mínima consideración. De cómo los privilegiados tienen secuaces que creen en ellos aún en contra de la propia realidad, y de cómo hay gente que necesita creer que el ser humano es mejor de lo que demuestra, como nuestro protagonista, como nosotros.

Ambiente asfixiante, opresivo como la situación que pasan los personajes, quizá termina siendo algo repetitiva, al descubrir muy pronto sus cartas, quizá es lo que su director pretende para conseguir transmitir la angustia. 

Ayudado por unos secundarios maravillosos, Iván Massagué sostiene la película con una interpretación soberbia, llena de matices, y que más que transmitir, vive el desasosiego y el desconcierto que el propio espectador sufre. Su personaje es la antítesis del propio experimento, y la especie de locura última que aparece, en su desesperación, es lo único que ayuda a mantener la esperanza que necesitamos sentir los que lo vemos desde fuera. 

Hay ciertas incoherencias en el guión, algún que otro giro tramposo a la hora de conseguir el malestar del otro, pero la propia premisa es la primera trampa aparente, ¿quién en su libertad absoluta iba a aceptar esto? 

No es una película sencilla de ver, pero si tienen el día, lo mismo les merece la pena.

21 diciembre 2023

Déjame salir

Get out (Jordan Peele, 2017)

 


Y del terror burdo y descafeinado del innecesario remake de Friday the 13th, de la que hablábamos antes de ayer, al terror sofisticado, casi existencial, de esta Get out a la que recomiendo, si aún no se ha visto, acudir sin tener idea alguna de ella, incluso sin leer esta opinión, siempre hay tiempo de volver por aquí si lo necesitan.

Una pareja va a ir a visitar a los padres de ella. El hecho le genera dudas a él de cómo le recibirán, siendo él negro y ella blanca, preocupado por un racismo cada vez más evidente en los EEUU. Ella lo tranquiliza, pero él se muestra tan aprensivo que, a pesar de que no sucede nada grave, él empieza a desconfiar y a tener pesadillas, cosa que será tratado por la suegra, psiquiatra de profesión, con resultados mucho más inesperados de lo que él incluso llegaba a sospechar.

Estoy intentando no dar mucha idea, parte del impacto de la película creo que lo da la sorpresa, pero no sé si lo voy a conseguir, y menos a partir de ahora. No soy tan inteligente como Jordan Peele, que realiza un trabajo tan inteligente que nos la termina colando doblada. 

A pesar de que desde el inicio hay cierto tono de desasosiego, lo que nos presenta inicialmente parece un drama, una historia acerca del racismo americano, con sus policías que desconfían de los negros, y los parientes con ideas un poco nazis de los seres a los que queremos, por más que el resto del entorno sea seguro, con gente culta, leída y a favor de los "derechos civiles", pero cuya existencia no es suficiente para eliminar los temores del oprimido, ni los conflictos que las dudas generan.

Acompaña ese recorrido inicial de incertidumbres, que van en aumento, nunca se sabe muy bien hasta donde, con un aumento de la tensión progresivo, con acontecimientos extraños, personajes desconcertantes, y verbalizaciones que generan mucho malestar, hasta que la red de seguridad salta, de la forma más aparatosa posible, y nos encontramos con la verdad sobre la vida, sobre las sociedades occidentales, sobre la necesidad que tiene el privilegiado de la existencia del oprimido para poder seguir ejerciendo su privilegio, todo ello como cuento de terror que da miedo real, de ese que se nota en el cuerpo, te hace quedarte temblando y te dificulta el sueño, de ese que se basa en fantasías cientificistas de las que surgen las conspiraciones de los fans del "nazi del misterio", pero que se presentan con una base que se nos antoja como posible, que es lo que de verdad da más miedo.

Ha sido una de mis películas del año, por más que se estrenara hace ya siete. Qué bien hecha, qué elegancia, y qué pelos como escarpias desde que pasa el primer cuarto de hora.  

17 diciembre 2023

El Conde

El Conde (Pablo Larraín, 2023)

 


En un país indeterminado (que resulta ser Chile), se analiza la figura de un antiguo dirigente (que se parece muchísimo a Pinochet), presuntamente fallecido, desde el punto de vista de la corrupción. Eso parece molestar mucho al fallecido en cuestión, que sigue no muerto y coleando, ya que, en realidad, es un vampiro, retirado a vivir en una granja en medio de la nada, y de cuya existencia ultraterrena sólo parecen tener conocimiento cierto su esposa, su ex-antiguo general, ahora criado a tiempo completo, y sus hijos, que van a visitarle porque están muy preocupados por la herencia, dado que El Conde, ha decidido suicidarse de su no vida eterna. 

En lo que van a ser sus últimos días, el Conde repasa su existencia y lo malagradecidos que fueron con él, así como su preocupación acerca del recuerdo que va a dejar en la historia, muy distinto del que suponía. Coincide todo ello con la visita de una joven, que hemos visto ordenada como monja, que tiene por misión aniquilarlo y robar todo lo que pueda de su herencia, pero que finalmente parece enamorar (y enamorarse) del Conde, provocando un cisma de consecuencias catastróficas. Tanto, que la voz en off que nos ha venido narrando todo este cuento de terror, en un inglés muy británico, aparece a visitar a su amigo, el Conde, en forma de política británica de amplio cardado (e ingrato recuerdo para casi todo el que no es un sociópata). 

Esta es la premisa de este cuento, mezcla de comedia negra y terror, y sátira de la vida, la persona y la familia del dictador chileno, que Pablo Larraín entrega para Netflix, con un despliegue publicitario, tanto en la plataforma como fuera de ella, digna de cualquier gran producción para todos los públicos. Cosa que es sorprendente, entre otras cosas, porque a priori estamos ante una película para un público muy escaso, muy concreto, y de difícil visionado (algo menos de interpretación). 

Larraín presenta al Conde como alguien obsesionado consigo mismo, con cómo será recordado, que no es capaz de entender por qué lo que va a tener consecuencias en ese sentido es su corrupción (enorme, a la que se cree con derecho, y por la que todas las alimañas que tiene en forma de hijos, tanto biológicos como ideológicos, se terminarán peleando) y no sus verdaderos crímenes, sus asesinatos. Con una mujer, ideóloga de sus mayores maldades, que lucha porque su marido le reconozca como tal, y con un lacayo demasiado leal para ser cierto, que en el fondo no soporta que todo el mérito homicida se lo lleve el jefe.

El acercamiento desde el terror parece una decisión extraña, aunque se puede entender desde la incomodidad que provoca todo el metraje, donde el miedo surge más del malestar del espectador ante lo que está viendo y escuchando (ese orgullo ante las malas obras...) que de la tensión narrativa in crescendo del cine de terror al uso. Es un miedo que surge de la propia conciencia de que hay gente mala en el mundo, y nada podemos hacer para evitarlo, más que de sustos y situaciones concretas que provoquen angustia, aunque alguna hay. Es un miedo que, en realidad, no sólo no aporta nada a lo que se está contando, sino que estorba y distrae de lo que se supone que nos quiere decir.

No entendí mucho ese acercamiento, ni el personaje de la joven ni tantas otras cosas que ocurren. La factura es excelente, pero el guión parece caminar con dificultad, chirrían bastantes cosas del libreto, y su intento de ser reflexiva termina haciendo que se haga larguísima, en parte  por lo lento, en parte porque no termina de dejar claras sus intenciones hasta que aparece Thatcher, ya al final de la cinta, posiblemente la parte mejor conseguida de toda, y la más divertida sin duda. 

Si Larraín pretendía incomodarnos, lo consigue. El resto de lo que se supone que quería hacer, según sus propias declaraciones, no creo que haya terminado de lograrlo.

13 diciembre 2023

Flash

The Flash (Andy Muschietti, 2023)

 


Parece que hubo alguien en DC que decidió que con siete temporadas de una serie de televisión bastante mediocre no habíamos tenido suficiente del "hombre más rápido del mundo", y que había que introducir a un nuevo flash en Justice League para rebootear al personaje y llevarlo al ámbito cinematográfico. 

Que el actor protagonista lleve años metiéndose de un follón en otro (incluyendo la comisión de delitos varios) no es tan grave como un post de instagram, y es por ello por lo que, por más que Ezra Miller sea un indeseable, el proyecto tiró para adelante, y se dio luz verde a otra nueva película de DC con las mismas características que todo el resto de películas de DC que ya habían sido un fracaso. Conclusión: se hostió en taquilla para sorpresa de nadie. 

¿Que por qué considero que esto es importante a la hora de dar mi opinión sobre la película? Pues porque va a ser muy parecida a las que ya di hace poco de los Shazams o de Blue Beetle.

La historia, posterior a los eventos de Justice League, comienza con Barry Allen ayudando a salvar un hospital a Batman, en una escena de inicio tan prescindible y larga como estéticamente resultona, para posteriormente sufrir un desajuste emocional donde comprueba que puede viajar en el tiempo, ofreciendo una ayuda al hombre murciélago que éste no ha pedido y rechaza. 

Desoyendo los consejos de su mentor, planea un viaje que ayudará a salvar a su madre y, con ello, a su padre encarcelado, pero que, de vuelta, lo conduce a un futuro alternativo en el que sus padres siguen vivos, su yo de ese futuro, con el que coincide, no tiene poderes, y todo es muy diferente de lo que había en su mundo, incluyendo una Liga de la Justicia inexistente, con un homenaje al Batman de Tim Burton, más viejo, cansado y torpe, un Superman que no tiene nada que ver con el de su mundo, y un enemigo vencido al que hay que volver a vencer sin tener herramientas para ello, y que vuelve a triunfar una y otra vez por más vueltas al pasado que intentemos para subsanar errores.

Todo con muy buena pinta, pero alargado sin necesidad, rodada con decisiones poco favorecedoras de la progresión dramática, y con dos o tres momentos de divertimento que son sepultados por el mismo tono intenso en lo formal que ya es marca de la casa, a la espera de que Gunn termine de eliminarlo. 

El resultado de todo es previsible desde el inicio, lo que no es obstáculo para que haya cierto nivel de interés y hasta de sorpresa, pero no deja de resultar plomiza por momentos, y no termina de saber explotar los buenos mimbres que pudieran tener su historia, por más que ya hayamos visto premisas similares con la misma conclusión cientos de veces.

No es tan terrible como la mayoría de sus predecesoras, pero me da la impresión de que hubiese podido funcionar mucho mejor en otras manos.

12 diciembre 2023

La sirenita

The little mermaid (Rob Marshall, 2023)

 


¿Aporta algo rehacer una película de animación icónica, como de "acción real", cuando el CGI llena el noventa por ciento del metraje? NO. Y aunque no fuera a base de CGI, no tiene sentido alguno, más allá de la esperanza de recaudar por recaudar sin tener que gastar mucho en guionistas, me imagino. 

La historia es que, como ya ha pasado con otras (sólo he visto un par de ellas, y, como esta, no por decisión propia), la The little mermaid hecha con actores no aporta absolutamente nada a la versión de animación clásica, y cae en todos los errores que, en su momento, vi en las versiones no animadas de Beauty and the Beast y Mulan, quizá está última la más decente de todas. 

Entiende, como las anteriores, que la versión anterior estaba dirigida a público infantil, y quieren dirigir esta a adultos, cosa que hacen sin plantearse dar profundidad real a sus personajes ni historias, no vaya a ser que espanten a los disney-adults, sino a base de añadir escenas extras que no aportan nada, optar por fotografía oscurecida, y algún que otro frame de tortura/dolor/conflicto banal, como mucho. Diatribas en torno al amor y la herencia principesca, también sin ningún tipo de profundidad alguna, son las originales de este título respecto a otros, pero todo con la misma irrelevancia y sin que sirvan para nada más que para alargar el metraje.

Aunque ese es el peaje, lo peor no está ahí. Lo peor es que la estética es horrible, los personajes están caricaturizados, Úrsula es una pantomima, salvo la protagonista, el resto de los actores parece que están ahí para cobrar el cheque, se alarga muchísimo, resulta aburrida, los números musicales son artríticos, los personajes de animación dan mucha grima... Es, francamente, una terrible adaptación de una película de animación modélica. Rob Marshall hace lo que puede, pero no le sale bien. 

¿Es lo peor que he visto este año? No. Ahora, ni la voy a volver a ver ni la voy a echar nada de menos.

05 diciembre 2023

Saint-Narcisse

Saint-Narcisse (Bruce LaBruce, 2020)

 


Artista multidisciplinar y activista LGTBIQ+, la carrera cinematográfica de Bruce LaBruce es tan interesante por el fondo como prescindible por las formas, alternando películas underground con producciones literalmente pornográficas y, en algunos casos, habiendo llegado a rodar ambas versiones del mismo film

Personalmente, y a pesar de que confirmo que la calidad de la mayoría de las producciones que dirige/produce y, a veces, interpreta, es más que dudosa, me fascina su ideario y el cómo intenta fusionar todas sus obsesiones, políticas, éticas, eróticas... y cómo con su obra comprobamos que eso de que de mayores nos volvemos más conservadores... es para los cobardes. 

Esta Saint-Narcisse, posiblemente lo menos underground que le he visto, sin llegar ni de lejos a lo indie americano menos mainstream, es una nueva muestra de su concepción vital, que parece cada vez más anárquica y desprejuiciada.

Un chaval que vive con su abuela, aprovecha la muerte de esta para intentar buscar a su madre abandónica, en base a cuatro pistas mínimas que descubre cuando la muerta ya está criando malvas. Para ello necesitará viajar a un pueblucho lleno de gente rara, en el que se encuentra con unos monjes, uno de ellos especialmente parecido a él mismo. 

Brujas, relaciones sexuales múltiples, incesto, moralidad laxa, abusos sexuales eclesiásticos, confusión entre amor y posesión... La misma temática habitual en torno al pensamiento cada vez más liberal (del de verdad, no de la mierda esa que no paran de repetir esos "liberales" en lo económico que luego quieren que volvamos al nacional-catolicismo) de su autor, ya en un punto en el que, si eres adulto y libre, nada es tabú.

Abandona lo explícito sexualmente, quizá porque en este contexto está más interesado en tensar los límites morales del espectador, pero por lo demás se sigue moviendo con planos asimétricos, actuaciones discutibles, diálogos declinados, y decisiones cinematográficas poco ortodoxas, en general, que sólo buscan el riesgo como en el cine underground canónico, si es que eso existe. 

Aún así, estéticamente está más cerca de Dereck Jarman, o el resto de homocineastas de los ochenta, que de sí mismo, quiero pensar que con toda la intención de llegar a un púbico al que de otra forma sería impensable, para destrozarles todos sus esquemas.

Sensual, sexual y fascinante en su, siendo generosos, irregularidad, me ha gustado este LaBruce, tengo que reconocerlo. No creo que a mucha más gente le vaya a pasar lo mismo.  

03 diciembre 2023

Celda 211

Celda 211 (Daniel Monzón, 2009)

 


Conocí a Daniel Monzón como uno de los creadores del Días de cine original, subdirector si no recuerdo mal por aquellos entonces, y como crítico cinematográfico en Fotogramas. Ni el uno ni la otra fueron lo mismo para mi cuando se fue de ambas a probar el otro lado de las cosas.

Gran defensor del cine de entretenimiento, me alegré mucho de su paso a la dirección, con el riesgo que eso conllevaba, con El corazón del guerrero, película imperfecta a la que guardo muchísimo cariño y que, a pesar de las limitaciones presupuestarias, ya aspiraba más al mainstream que a los circuitos independientes europeos.

Tras ir probando varios subgéneros del cine de acción/aventuras, pareció encontrar su mojo en las variantes del policiaco con La caja Kovak, y con el estreno de Celda 211 terminó de convertirse en uno de los grandes nombres de ese nuevo policiaco español, que es el mismo que ya hacían gente como Urbizu en los noventa, pero con presupuesto.

Un chiquito que va a trabajar como funcionario de prisiones, decide ir a conocer el presidio en el que empezará a currar al día siguiente, sin sospechar que los presos han decidido hacer un motín justo el día de la visita, y, siendo víctima colateral del inicio del mismo, quedará atrapado entre esos presos teniendo, a la vez, que ocultar su identidad, y que defender a unos futuros compañeros que, a lo mejor, no merecen ser defendidos.

Drama carcelario donde, a pesar de las hollywoodienses formas, tenemos desde el principio la sensación de que todo va a salir mal como en cualquier película europea, Celda 211 es un ejercicio de estilo clásico, que sin aspavientos ni mayores concesiones a "la modernidad" más allá de un poco más de violencia gráfica que en sus parientes norteamericanas de los cincuenta y sesenta, pone en imágenes un guión no del todo redondo (hay un par de artificios en aras de la explicación de la deriva de los personajes que son muy cantosos) potenciando lo que quiere contar y pasando por alto el resto, como un buen director tiene que hacer, sin perder el afán de espectacularidad ni de agradar al público, aunque sin hacer concesiones por ello. 

En medio del espectáculo, aunque lo justo para no arruinar el ritmo, la trama y la narrativa, aparecen diatribas varias acerca de la moralidad, de la falsa dicotomía entre buenos y malos, de los intereses políticos y mediáticos, y de cómo en situaciones de presión se toman las peores decisiones posibles, aún incluso teniendo que asumir sus consecuencias. 

Todo ello con pulso, con una planificación estupenda, con un gusto estético exquisíto y con mucho saber hacer del que ha aprendido mucho no sólo viendo cine y sino cuestionándolo. 

Pero tampoco demos tanto mérito a Monzón, por más que lo tenga, en realidad si en algo se sostiene la película es en las interpretaciones de unos actores espléndidos (salvo el acento sudamericano de Carlos Bardem, no recuerdo exactamente de dónde tendría que haber parecido, pero sí de la grima), especialmente de un Luis Tosar y su Malamadre, que todos los medios patrios convirtieron inmediatamente en historia del cine español. No era para menos. 

01 diciembre 2023

Este mundo no me hará mala persona

Questi mondo non mi renderà cattivo (serie de TV, Doghead Productions/Movimenti Production)


 

Poco más voy a poder decir de la segunda miniserie de Zerocalcare para Netflix más allá de lo que ya dije de  Strappari lungo i bordi hace poco más de dos semanas, porque al final no deja de ser una segunda entrega, semiautobiográfica (presuponemos), de la vida de su alterego Zero, teniendo ahora que enfrentarse a hechos objetivos generales, tan desagradables y removedores como los personales por los que pasaba en su primera aventura internacional.

En el auge del nuevo movimiento fascista italiano, ese que finalmente hizo que un partido político prácticamente nazi disfrazado de catolicismo llegara al poder, Zerocalcare viene a contarnos, sobre todo, su teoría de por qué el auge de la extrema derecha en Italia, especialmente entre los menos favorecidos. 

Para ello usará la historia de un antiguo amigo, adicto rehabilitado, que vuelve al barrio tras mucho tiempo y cuya familia le pide a Zero que lo apoyen. Ese amigo, abandonado en un momento determinado por todos, vuelve al barrio acompañado de una gente que le ha apoyado, en el momento en que esa gente comienza a manifestarse de todas las formas posibles en busca de una Italia libre de inmigración.

Zero se tendrá que enfrentar, nuevamente, a sus demonios y los demonios de todos los que, efectivamente, no quieren ser malas personas, incluyendo los dilemas que surgen fruto de la precariedad, y que pueden llevar a tomar decisiones que, precisamente, no nos van a hacer ganar una plaza en el paraíso cristiano.

Y reflexiona sobre cómo el propio poder se encarga de generar los malestares que hacen surgir la miseria moral de la gente, de lo fácil que es dejarse llevar por unas ideas que exculpan a la persona de su propia responsabilidad, y de lo mucho que las buenas personas oficiales han dejado de lado, incluyendo a sus propios vecinos, en busca de objetivos más altos e irreales. 

De cómo los medios de comunicación han optado por idiotizar el discurso y anular la posibilidad de disentir, de cómo distraen a los díscolos para impedir que aparezcan ideas fuera de las líneas editoriales, y de la cobardía que hace que estos les sigan el juego, porque es "el bien para todos".

Y de cómo, por más que ya reflexionamos largamente sobre ello, el armadillo siempre tira al monte y Zero termina responsabilizándose de cosas que no podría haber resuelto aunque quisiera, de cómo nosotros también elegimos lo que queremos, y a lo mejor no es lo más conveniente convertir en enemigo a la víctima, por más malas decisiones que toma. Porque lo mismo no le hemos dado más opciones.

Me da la impresión de que, comparándola con el largo clima reflexivo de Strappari lungo i bordi, esta segunda hornada queda un poco más corta de lo que debiera respecto a todos los frentes que abre, pero, sinceramente, tampoco me importa mucho. 

Como en su anterior serie, Zerocalcare se muestra emotivo, sensible y elegantísimo en todo lo que plantea, con un humor amargo que acompaña perfectamente el tono de la historia que cuenta, y alguna que otra reflexión que, si somos capaces de asumir, pone los pelos de punta. 

28 noviembre 2023

Todo a la vez en todas partes

Everything Everywhere all at once (Daniel Kwan, Daniel Scheinert, 2022)

 


Hay mucha gente que no sólo no ha conectado con la flamante (y creo que justísima) gran ganadora de la última edición de los premios de la Academia de Cine estadounidense, muchos de ellos, precisamente, por no entender que arrasara en los Oscar. Si uno se pone a leer las opiniones de las webs especializadas, nos encontramos un odio irracional detrás del que en muchos casos se encuentran el racismo, la incultura, la rigidez, los prejuicios sociales y, en definitiva, todo lo que denuncia esta, en cierto sentido, genialidad, siendo las críticas fundadas, sosegadas y razonables, que incluso podemos compartir algunos que la hemos disfrutado mucho, las menos.

Parte de ese hecho lo tiene la toxicidad habitual, el auge del "pensamiento blanco" y todas esas cosas que hacen que toda película mainstream que no esté protagonizada por gente blanca heterosexual sufran boicots continuados. Pero no le quitemos mérito a  Everything Everywhere all at once, hay gente que la odia por méritos propios, por su radicalidad, porque plantea un montón de cuestiones complicadísimas que complica aún más, y ofrece soluciones que a mucha gente pondría los pelos como escarpias, aunque sólo sean en alguno de sus infinitos multiversos. 

Pero sobre todo la odian por no cumplir con los cánones establecidos para las películas que hablan de conflictos internos, familiares y culturales. ¿A quién se le ocurre hacer una película de acción/aventuras/ciencia ficción en vez de un dramón o una comedia amarga, aunque también sea ambos? Pues a los Daniels y a A24, que parece haberse gastado los cuartos que no tenían para conseguir el mundo multiversal que ya le gustaría a Marvel.

Una mujer asiática de mediana edad, dueña junto a su familia de una lavandería, y con una obsesión insana por no defraudar a su padre, tiene que hacer la declaración de impuestos sin poder contar con su rebelde hija, asiática americana y única de la familia integrada en la cultura estadounidense, incluyendo ser la única que domina el idioma. Una hija que la ha defraudado en todo lo posible, incluyendo el reclamar la libertad que ella nunca se permitió. 

Al llegar a lo que sería la Agencia Tributaria yanqui, cosas raras empiezan a pasar, gente de otros universos empiezan a advertir a la mujer de que huya, y se termina liando muy parda en un armario en el que pasan demasiadas cosas, incluyendo el que nuestra protagonista descubre saber artes marciales y practicarlas con bastante pericia. 

En ese armario descubrirá que ella es la designada para luchar contra un enemigo que pretende destruir el mundo, todos los mundos en los que va haciendo escala mientras lo busca y, a la vez, huye, y a quien finalmente tendrá que elegir unirse en su culto a un dónut que traerá el fin de la existencia, o luchar contra él, eligiendo una tercera opción, mucho más complicada.

Bajo un envoltorio trepidante, con multitud de mundos imaginarios hipercreativos, muchos de ellos divertidísimos, que parecen haber surgido de una tormenta de ideas donde se ha dicho "sí" a todo, Everything Everywhere all at once es, sin embargo, un ejercicio de acercamiento al drama de una mujer insatisfecha, en crisis, con un marido y una hija que la quieren, pero sin que eso sirva de nada, que lleva toda la vida amargada buscando la aprobación de un padre que ella misma le niega a su hija, que repite patrones porque no sabe hacerlo de otra forma, y que tiene que realizar un viaje en contra de su enemigo, ese que la va a dejar sola haciendo todo lo que ella no fue capaz, para acabar reconciliándose consigo misma, permitiéndose sus sueños y fantasías, y aprendiendo a quererse en su imperfección.

Por momentos es un drama (el universo pétreo), por momentos comedia (la mitad de las interacciones con la funcionaria), a veces loquísima (el dónut, la funcionaria zombie), otras surreal (el universo lésbico), es una película de acción (Tarantino ya quisiera), de aventuras (la huida por mundos), de intriga (el descubrimiento del enemigo), de terror... Efectivamente es todo, durante quizá más tiempo del necesario, invadiendo todo lo que le permitamos que invada de nuestro propio ser.

Durísima si quitamos todo el carísimo envoltorio, tristísima en el fondo. Entiendo quien no comparta mi entusiasmo, entiendo a quien le haya dado dolor de cabeza, pero negarle su valor me parece puramente estúpido.

 

24 noviembre 2023

Las Invisibles

Las Invisibles (serie de TV, Morena Films/VIS)

 


La publicitada primera producción de Skyshowtime en España llegó con la apertura del nuevo servicio de streaming, tan poco ruido como el propio servicio pero, posiblemente, mucho más del que merecía. 

Serie homenaje a las Kellys, su punto de partida es el de una camarera de piso explotada cuyo corazón revienta, literalmente, mientras está preparando una suite nupcial. Una compañera la descubre, la gobernanta y el director son informados y, como es habitual, la jefecilla de medio pelo opta por sacar las castañas del fuego "por el bien del hotel y de todo el personal" comportándose como una psicópata, y exigiendo la complicidad del resto sobre un acto más bien deleznable. 

A partir de ahí, se nos presenta la vida de unas cuantas de estas camareras, todas precarias, todas con dramas personales, todas con familias odiosas e insatisfacciones vitales, todas queriendo un futuro mejor, y todas descreídas de que ese futuro vaya a llegar en algún momento.

Lo cierto y verdad es que Las Invisibles quiere hablar de tantas cosas que ni las abarca ni les da profundidad, quedando en una colección de topicazos de melodrama patrio (es que no falta ni uno), con algún ramalazo reinvindicativo más bien suavecito, no vaya a ser que se molesten en los Barcelós.

El reparto hace lo que puede con un guión y unos diálogos que tampoco es que den más de sí, se deja ver, pero tampoco es que merezca la pena verla. 

En el fondo, lo que viene a demostrar Las Invisibles es que las buenas intenciones, por sí solas, no hacen buen "cine". 

18 noviembre 2023

Cortar por la línea de puntos

Strappari lungo i bordi (serie de TV, Movimenti production/BAO Publishing)

 


Una de las pocas alegrías que me ha traído 2023 es descubrir a Zerocalcare. Dibujante/Historietista italiano de larguísima trayectoria, su éxito en su país de origen con una serie de cortos de animación, Rebibbia Quarantine, emitidos en plena pandemia, debió llamar la atención de un Netflix que aún hacía parecer que sus suscriptores le importaban, que decidió distribuirle a nivel internacional esta Strappari lungo i bordi, allá por finales de 2021.

Casi dos años después, y durante el mes en que aprovechamos para pagar Netflix una vez pasado el cabrero por el cambio de sus condiciones, repasando lo que tenía pendiente de esa lista cada vez con menos cosas interesantes, me topé con ella, recordé su existencia, y me decidí a verla.

La historia comienza con un alter ego del propio Zerocalcare, un joven dibujante llamado Zero, que empieza a contarnos, en primera persona, una serie de anécdotas con las que no sólo se presenta él, su vida y su forma de verla, sino a sus amigos y sus relaciones desde pequeños, en una Italia que dibuja como en una intensa dicotomía entre haber sido el país ideólogo de algunos de los mayores avances en derechos humanos durante el siglo XX, para poder entrar sin complejos en el siglo XXI, y a la vez seguir siendo un reducto hipercatólico con un machismo institucionalizado, en instancias oficiales y oficiosas, que sigue queriendo imponerse, y a veces lo consigue.

Zero también se mueve en la dicotomía, en varias, en realidad. La más explícita, la que llena cinco de los seis capítulos de esta miniserie, su propia lucha interna entre cualquier cosa y su ideal de convertirse en una persona decente, lo que lo convierte en una especie de Woody Allen postmoderno, que está dispuesto a deconstruirse, a cambiar, y a analizar todo lo que hace para intentar no volver a equivocarse, justo al contrario que Allen y todos sus coetáneos. 

La segunda, la verdadera, la realmente importante, tiene que ver con ese armadillo, representación de su posible subconsciente, ese que intenta aflorar cosas a las que Zero se va resistiendo, precisamente, mediante su constante cuestionamiento de otras, y que se nos revelará al final del quinto capítulo, ese en el que Zero y su amigos llegan al destino de ese viaje que se nos ha presentado como la excusa para nuestra historia, que ninguno de ellos querría haber tenido que realizar, y cuya finalidad termina de dar sentido a todo lo no entendíamos antes, incluyendo esas disonancias cognitivas que han ido ocurriendo, y que el propio Zero ha venido manifestando no terminar de entender.

El último capítulo, ya con todo desvelado, nos muestra además parte del gran mal de las nuevas generaciones, el centrarlo todo tanto en su propio pensamiento, sus propios sentimientos, sus propias creencias, buscando un ideal que lo mismo no va a llegar nunca, que parece que no escuchan, que no saben, que no entienden. Que están tan centrados en querer ser algo, que terminan interpretándolo todo desde ellos mismos, perdiéndose mucho, quizá todo lo demás.

Es sutil, elegante, sensible, con una construcción perfecta, y un desarrollo donde no sobra aparentemente nada, y trata todo lo que quiere tratar. Me pareció divertida, y triste, y me hizo llorar... Y su autor parece estar decidido a estar siempre en el lado correcto de las cosas, lo que también se agradece.

12 noviembre 2023

Babylon

Babylon (Damien Chazelle, 2022)

 


Llegamos a una fiesta, enorme, excesiva, que se come casi una sexta parte del metraje de una cinta que, precisamente corta no es, sin que nos importe lo más mínimo. Una fiesta en una mansión, con mucha gente, con mucho dinero, con muchas excentricidades, con mucha droga, con mucho sexo, con elefantes...

Y como esa fiesta, todo el resto. Babylon trata de la historia del inicio de la mercantilización del cine, del Hollywood de los años veinte, de esa Babilonia donde actores consagrados hacían lo que les venía en gana, se rodaban películas en serie con decorados mínimos, los conseguidores conseguían, los accidentes mataban gente, si eras guapa y carismática te podías convertir en alguien, aunque vinieras de la nada... De cómo un grupo de gente con mucha pasión por lo suyo, y un poco de sentimiento de impunidad venido a más por la droga y el dinero también, querían triunfar y triunfaban, a pesar de todo, porque pareciera que sus actos nunca fueran a tener consecuencias.

Y de cómo eso cambia, porque el mundo avanza, y ellos se hacen mayores, y porque las cosas que pasan suelen tener la fea costumbre de acarrear otras, porque en realidad, nadie es inmune a su propia responsabilidad. 

Muertes trágicas, despilfarro, pasiones desbordadas con la ayuda de los psicotrópicos, escándalos sexuales... Hay una larga lista de gente que no aparece con sus nombres en esta película, pero que cualquiera que haya leído un par de cosas acerca de la época, puede hacerse a la idea de quién es quién en este "Hollywood que está empezando a ser dorado". 

Chazelle hace un trabajo, creo, impecable. La película es trepidante por momentos, más calmada cuando lo necesita, y a pesar de que todo es mastodóntico, desde la duración hasta los decorados, los planos, las situaciones, los extras... intenta evitar de todas las formas posibles el efectismo y lo consigue sin mucho esfuerzo. 

Dedica su trabajo a contar, no parece estar dispuesto a juzgar lo que hacen sus personajes, y si bien parece que se establece cierto aire nostálgico respecto a la época, más orientado en apariencia a la historia del cinematógrafo que al esto de despropósitos, no escatima en que veamos las miserias de esos seres, con una sutileza y elegancia que se agradecen, como queriendo cuidar a gente que, a pesar de las apariencias, nos hace ver que está muy rota.

Los actores están impresionantes, la música, la ambientación, la fotografía... Me ha recordado, en cierto modo y sin tener nada que ver, a Magnolia, otro mamotreto larguísimo y tan intenso y sutil a la vez que termina sin que te hayas dado cuenta. En la dirección también me ha recordado a P.T. Anderson, no sé si será casualidad.

Por cierto, desde aquí mi más sincera felicitación al agente de Margot Robbie. Ella es fantástica, pero que hayan conseguido que esté metida en la mayor parte de los proyectos más interesantes que han salido de las mayors en los últimos años... Fetén. 

21 octubre 2023

Picard

Star Treck: Picard (serie de TV, CBS Television Studios/Roddenberry Entertainment/Secret Hideout)

 

Parece que por fin ha llegado el momento de hablar de Picard, y eso sin haberla terminado de ver, entre otras cosas porque han pasado más de seis meses desde que terminé la segunda temporada, justo cuando se estaba comenzando a estrenarse la tercera, y una vez pasado ese tiempo, ni la he visto ni tengo planes ni interés en verla en un futuro cercano, por más que los medios especializados hayan hablado maravillas de ella.

Mi conocimiento del universo Star Treck es básico, limitado a lo que yo considero cultura general de alguien nacido en los setenta y a quien le gusta la tele y la ciencia ficción, por más que ya, como premilenial que soy, lo trekkie era quizá un poco naif y claramente superado a nivel técnico por otras franquicias galácticas de la época. Pero sí que en su momento vi alguna película y varios capítulos de la serie original y, sobre todo, de The Next Generation, lo justo para conocer al personaje.

Es cierto que ante el panorama que nos tocaba (si no recuerdo mal, estábamos en pleno confinamiento), que me había gustado mucho el reboot cinematográfico de la partida de personajes original (con tres películas, creo, estupendas, que merecieron mucho más éxito que el que tuvieron), y lo mucho que se publicitó como "acercamiento adulto" a la franquicia, disfruté la primera temporada. Entre otras cosas, porque casi todo estaba bien.

Si bien el ritmo era lento de más (no me supone mucho problema cuando tiene sentido, pero sí que la trama no daba para tanta duración) y parte de los personajes y los conflictos eran un tanto estereotipados (en la línea de la serie original), en general estaba todo muy bien hilado, había, efectivamente, un tono general más adulto, el presupuesto daba para unos efectos especiales decentes, y el tono, mucho más cercano a la intriga política, le sentaba francamente bien. En los últimos capítulos conseguía un ritmo narrativo más apropiado, y terminaba con fuegos de artificio, desenredando sus tramas hasta resolverlas, y aportando una emoción que, más allá de los esfuerzos de Patrick Stewart durante toda la temporada, no terminaba de llegar.

¿Me gustó tanto como yo creí en principio? A tenor de que no me he acordado de ella durante dos años, la lógica me dice que no. Lástima que no hiciera caso de ella y decidiera ver la segunda temporada. Me recordó a Galactica, la serie original, en esa segunda temporada desastrosa que decidieron ambientar en La Tierra, teóricamente por temas presupuestarios, convirtiéndola en una especie de serie seudopoliciaca cutre que no gustó a nadie. Aquí no fue para tanto, le reconozco algún mérito con respecto a la continuidad, pero sí que es un retroceso importante.

Vuelta a los clichés manidos, vuelta a los conflictos emocionales de chichinabo con resoluciones infantiles, todo ello con el mismo tono pausado y tontorrón de otras cuarenta series de aventuras que siempre se han dado en abierto, por más que nunca hayan llegado a nada, resolviendo de forma más o menos resuelta (valga la redundancia), pero con un desarrollo aburrido y sin mucho interés.

Como he dicho, más de seis meses hace que la vi, y mi intención, sabiendo que la tercera temporada era la última, y por ese afán completista que comentaba antes, era terminar de verla. Tiempo he tenido desde que planeé escribir de ello, hace mucho, cuando lo hacía en el otro blog. Como ya dije antes, la lógica dictamina que si ha pasado tanto y no me he puesto con ella, mucho interés no tengo y, de hecho, confieso que entre mis planes inmediatos hay muchas más series y películas que ver antes que esta, aunque no lo descarto. 

En caso de que finalmente lo haga y, efectivamente, todos esos medios de comunicación que tanto dinero publicitario reciben de Amazon tengan razón, y  esa tercera temporada haga que merezca la pena el tiempo perdido en ver la segunda, os lo haré saber. No guardo muchas esperanzas.

15 octubre 2023

Del lado del verano

Del lado del verano (Antonia San Juan, 2012)

 


Una mujer se despierta en el sillón de una habitación de hospital. Está acompañando a su padre moribundo, se tiene que ir a clase y se ha quedado dormida sin que llegue un relevo que nadie parece tener claro quién tiene que coger, por lo que se marcha aprisa tras avisar de la situación. Justo después, y mientras su madre intenta evitar un suicidio, su hermana está pendiente de su novio traficante, y su otra hermana adolescente está en su propio mundo, suena el teléfono para informar del fallecimiento del hombre, cosa ante la que se desencadena el conflicto, nada latente, entre ellas mismas, y con la madre, hermana y sobrinas del padre. 

Las hermanas de la madre, que no se hablan entre ellas por algún motivo que todos saben pero nadie dice, aparecen para apoyar a su hermana porque es lo que tiene que hace la familia, a la vez que se desprecian y se alían con la familia del muerto en contra de esta, a quien consideran culpable de todo lo que el fallecido había considerado hacer en su vida. El resto de familiares no ayudan en absoluto, y la viuda parece no ser capaz de ocuparse bien de su propia familia, por más que se nos presenta como la salvadora del barrio, permitiendo a sus hijas destrozar su vida, salvo a la mayor, esa que era la única que se preocupó del padre a tiempo, a la que se le presupone la capacidad de hacerse cargo de todo, cosa por la que planifica una huida sin que peligre su rol en la familia, mediante una beca de estudios a las antípodas, para lo que sólo cuenta con el apoyo de su novio, que cae en el momento en que más lo necesitaba.

San Juan presenta una historia familiar compleja, de miseria moral y cultural, en base a anécdotas divertidísimas, de base más que creíble, que va insertando a la vez que intenta señalar el desarrollo de su historia, y gracias a las que realiza un análisis demoledor de una parte de sociedad canaria, que se presupone matriarcal (pero que en realidad carga de responsabilidad a la mujer para disculpar la de los hombres) y tolerante con la diversidad, (siempre y cuando no toque en tu casa), donde la gente se queja de la poca vergüenza del otro mientras defrauda al INSS, donde nos dejamos el dinero en el bingo mientras vamos juzgando al prójimo sin querer ver lo nuestro, donde "la familia" es el pilar fundamental cuando casi ninguna funciona como tal, donde mientras el novio de la niña tenga dinero, ¿qué más da los cuernos que tenga o de dónde vengan las perras?... Una sociedad hipócrita, exhibicionista, de gente que cree que por llegar a final de mes es más importante que el vecino, una sociedad que, si bien el costumbrismo es canarísimo, podría estar localizada en otros mil y un lugares de nuestra geografía patria.

Precisamente esa visión, por momentos salvaje, por momentos tomándose demasiado a broma escenas un tanto sensibles, fue lo que más se le criticó a la cinta, cuando es, con mucho, lo más interesante. Los que hemos visto los monólogos de San Juan en distintas celebraciones insulares sabemos cómo de bien trabaja el costumbrismo y cuán acertada está siempre con muchas de sus apreciaciones. Lo que, obviamente, a nadie le gusta que le señalen los defectos.

Pero en eso estamos, a eso venimos, para eso vivimos, y esta película los tiene. Al final, mucho sketch, pero no hay un nexo de unión claro. No desarrolla la historia central, sólo intuimos las motivaciones de la protagonista, una Macarena Gómez que no para de sufrir, y sufre estupendamente, en ningún momento, ni los del personaje de su madre para estar ahí, que es a lo que se dedica, a veces casi como un mueble. Hay decisiones de casting cuestionables, al menos (especialmente cuando los actores locales están inconmensurables), una tendencia a la exageración de lo dramático que termina cansando (la tragedia final me levantó una carcajada involuntaria, ya era demasiado) y que tiene que ver con que San Juan quiere hablar de tantas cosas, en general, que al final termina abriendo demasiados frentes para dejarlos abandonados poco después.

¿Que es mejorable? Mucho. ¿Que se la recomendaría a cualquiera? Sin lugar a dudas.

13 octubre 2023

Dolor y gloria

Dolor y gloria (Pedro Almodóvar, 2019)


El último episodio de mi reconciliación con Almodóvar pasó hace ya muchos meses, cuando Netflix aún permitía compartir cuenta, pero ya muchos habíamos decidido que no nos salía a cuenta el pago mensual de un sitio con cada vez menos cosas interesantes que ofrecer. Como penúltimo servicio, y ya que la aplicación seguía conservando casi todo el catálogo almodovariano, opté por ver el último largo que me quedaba, el que más me ha gustado de todo su cine desde principios de los noventa. Que no haya escrito de eso hasta ahora es un misterio que tendré que resolver.

La historia trata de un director de cine, al que se va a homenajear con la remasterización de una de sus películas fundamentales, que intenta hacer las paces con el actor principal de esa obra, con el que no se habla desde décadas atrás, en una especie de movimiento publicitario que el propio actor, venido a menos, aprovecha en su beneficio. El paso del tiempo ha dejado secuelas, entre ellas un dolor insoportable, que mitigará gracias a la heroína, en su momento, fuente de conflicto con este actor, y ahora nexo de unión temporal entre ambos. Mientras camina, en lo que él mismo parece sentir que es el final de su historia, rememora sus personas significativas, sus experiencias vitales importantes, y echa de menos todo aquello que él mismo se encargó de alejar, porque en realidad no siente que lo merezca. 

Y entendemos su propio dolor, el de ese hijo al que su madre, en su preocupación por hacerlo prosperar, jamás dio una palabra que no estuviera relacionada con la insatisfacción que le producía como hijo. Y ahí descubre su homosexualidad, y ahí huye, y ahí conforma la película de su vida, que observamos en forma de flashbacks y que él mismo reconoce como fuga ante la imposibilidad de cumplir la tarea familiar que su madre considera que se le ha marcado, por más que él no la tenga clara nunca y tenga que ver con la insatisfacción crónica de esta. 

Mantengo que Almodóvar gana mucho cuando deja de intentar ser trascendente y se pone a contar historias, y esta película es firme prueba de ello. Más centrado en relatar una reinvención de su propia vida que en homenajear su cine, las frases grandilocuentes y el tono didáctico prácticamente desaparecen, agradeciéndose que se centre en lo que ocurre, en lo que cada personaje siente, y en lo que dice desde la emoción, por más brutal que sea.

Al final no deja de ser un melodrama, y entre el género y el autor, son señas de la casa las imposturas, pero en este caso no me molestan. Estéticamente bellísima, sin rellenos en medio, consecuente con lo que quiere contar, Almodóvar consigue ser más Almodóvar de lo que ha sido en las últimas décadas, precisamente olvidándose de intentar serlo. 

Y por si fuera poco, los actores. Antonio Banderas, al que siempre pongo en duda el talento, está sublime en su personificación del propio Pedro, imitando algunos de sus manierismos y entonación, pero sin llegar a la pantomima. Asier Etxeandía hace lo que puede (que es mucho) con el personaje, probablemente, más flojo, estereotipado y prescindible de todo el relato, y el resto de actores cumplen a la perfección. Pero quien me deja cada vez más boquiabierto es Penélope. Cómo está Penélope.

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Ashoka (serie de TV,    Lucasfilm)   Tras abandonar la orden Jedi, Ashoka Tano, la antigua padawan del Anakin Skywalker, ha ido siendo una p...